Guía de lectura
Los motivos por los que una persona se presta a leer algo pueden ser de la más diversa índole. Pero que la lectura no se corte, que no se detenga, que no se abandone, depende también de lo que está escrito. El lector lleva sus motivos, pero si las letras, sobre el papel, no sostienen esa motivación, no hay actitud que valga.
El vínculo entre el lector y la lectura se sostendrá, fundamentalmente, por dos motivos: por un lado, por la fuerza del texto, su calidad literaria, su poder para mantener al lector atrapado en la ardua y placentera tarea de leer; por el otro, en base a la formación y a los estímulos con los que cuente el lector antes de iniciar cualquier lectura. Lo primero le compete al escritor y lo segundo también, pero ya como una persona más, preocupada en la promoción de la lectura.
Las guías de lectura en un centro de fomento a la lectura como son las bibliotecas, pueden llegar a abrir un pasaje por el cual el lector accede a la lectura. Como decía antes, nunca se sabe bien, y es difícil de averiguar, qué es lo que lleva a un lector hacia un libro determinado.
Algunas personas se oponen radicalmente a este tipo de guías. Sostienen que entre el lector y el libro no debe interceder ningún tipo de material que guíe (que condicione, que conduzca, que convierta en tarea) la lectura. Argumentan que los libros de literatura no merecen ser reducidos, simplificados, descuartizados, analizados, para facilitar, primero al docente, luego al usuario, su lectura. Para ellos, solo el deseo, la búsqueda del placer o la curiosidad han de ser la auténtica guía que conduzca al lector por los meandros de los libros. En tal sentido, el acercamiento del lector al libro mediante guías, hace uniforme la lectura, y no favorece ni al libro ni al lector.
Otras personas consideran que la demanda por parte de los usuarios de la biblioteca de ese tipo de materiales tiene que ser atendida. Para las editoriales, es fundamental el mercado escolar y el de las bibliotecas, y si las guías facilitan la penetración del libro en las aulas y en las salas de lectura y son una forma de promoverlo entre los usuarios, entonces las guías son un material válido. Pero piensan en términos mercantiles y enfocan la confección de esos recursos didácticos en vistas al trabajo de mediación que llevan adelante los docentes tanto en bibliotecas como en colegios y que es asumido también por algunas editoriales.

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